Paseo por Mochima, Carnavales 2010. 102km.

Desde muy temprano nos alistamos con peroles y kayak listos para comenzar nuestra aventura en una mega cola en la panamericana, al cruzar la capital resuelto el problema, carretera libre; sin pasar por alto la compra de las mandarinas y la panela de hielo en la vía.

Al llegar a Santa Fe, nos encontramos con un personaje que le dicen “El Gringo de la Montaña” persona muy agradable, educada y atenta; nos acompaño mientras arreglamos nuestros coroticos en los kayaks; menciono muchas historias interesantes entre ellas que fue uno de los primeros modelo de los cigarros Marlboro y la grandeza en fauna y flora que hay en la zona tanto en la montaña como el mar; es más hasta con regalito salimos las chicas.

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Los pescadores estaban contentos porque la pesca estuvo buena, algunos con pena no querían mostrar sus pescados otros orgullosos posaron para la cámara con su gran pesca.

Como de costumbre nos comimos un pescadito frito para agarrar energías para remar y montar el campamento.
Zarpamos con total normalidad, no había viento y el paisaje estupendo; al pasar punta morena nos encontramos con el señor viento echando lavativa y soplando cada vez más fuerte, hasta que llegamos al grupo de islas y descansar un poco de la dura travesía.

Llegamos a una playa paradisiaca y completamente solita para nosotros; cada quien agarro su árbol y monto el campamento que sería nuestro hogar por los siguientes días, inmediatamente cenamos y descansamos las 8 horas de camino, más los 15.5 km de navegada.

Nos levantamos con un paisaje espectacular y desayunamos en compañía del mar, al rato llego un chico que forma parte de una empresa de turismo y nos comento que estaba con un grupo de turista y nos dio la noticia la gente de Biotrek venia en camino.

Después de un rico cafecito y una charlita vimos los primeros kayaks de Biotrek llegando a la playa, los recibimos y nos alegramos de poder compartir con ellos en estas fechas. Al rato llegaron los kayak del otro grupo.

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Nos alistamos y zarpamos rumbo a Cautaro Nelson, Valmore (Valdemorrrrr), Jorimar, Ashley, Woody y yo; el mar un plano, el paisaje especial con grandes paredes prácticamente verticales de tonalidades rojizas y bandadas de pelícanos que sobrevuelan las aguas. Sorprenderá al más escéptico de los viajeros.

Llegamos a Cautaro almorzamos y compartimos con un pescador de la zona que está construyendo un museo de piedras a un lado de la playa; pudimos observar muchas piezas interesantes simulando algunos animales, frutas e inclusive algunas con un lado sexual.

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De regreso en el horizonte poco a poco observamos como se despedía el sol entre las montañas decorando en colores pasteles el cielo que nos rodeaba, reflejando las siluetas de los kayakistas en el agua y en cada paleada y/o pedaleada sentíamos una sensación de paz indescriptible. Para este día arrojamos un total de 28.5 km.

Al llegar a la playa nos recibieron muy cordiales la gente de kayaman, Jesús y su pareja, contentos por estar en ese sitio mágico.

Luego de alistarnos fuimos a cenar al campamento de kayaman cordialmente nos invitaron a una parrillada. Luego de la cena y bajo un gran numero de estrellas llego Aramis para compartir con el grupo y enriquecernos con sus grandes conocimientos del mar, aventuras y luego seguimos con el chaleco con Nelson jejeje

En la mañana nos dividimos en varios grupos para salir a navegar, un grupo se fue desde temprano para las Burbujas entre ellos Zulay y su hija que se animaron para conocer esa zona en kayak; otro grupo hizo varios recorrido por la zona y regreso en diferentes oportunidades al campamento; la gente de Biotrek siguió su rumbo hacia Isla Arapo, Ashley y yo nos fuimos para Isla Picúa.

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Nuestro recorrido fue el siguiente. Partimos junto a la gente de Biotrek con la diferencia que apuntamos hacia el bajo de Los Caracas, un poquito antes de llegar a este punto vimos El primer regalo del dia a lo lejos un grupo como de 5 delfines, e inmediatamente pusimos en práctica las recomendaciones de Aramis para vivir la experiencia de navegar con los delfines.

A razón de un par de minutos al acelerar el paso, se acerco toda la manada a curiosear; fue increíble, estos pasaban una y otra vez por debajo de nuestros kayaks, mientras que otro grupo saltaba a los lados, nuestra emoción es inexplicable, se veía como iban y venían porque sus movimientos eran más veloces que el nuestro y nos tenían que esperar, por ello regresaban volviendo a pasar por debajo; Woody se volvió loco no sabía para donde ver ni ladrar, hasta que con su locura metió la pala que tenia de un lado en el agua y adiós delfines, en cuestión de segundos no vimos mas aletas en ese punto.

Luego de pasar el bajo, apuntamos hacia Isla Picúa, a lo largo vimos el paso del ferri que a pocos minutos dejamos de admirar. Al llegar a isla Picúa nos encontramos con un azul azulusco como decía mi abuela y un grupo de pescadores en plena faena.

El segundo regalo del día fue encontrarnos con una imagen idéntica a la de un pirata en uno de los riscos de la Isla, pareciera que fue tallado a mano porque hasta tiene los detalles del parche y la barba.

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El tercer regalo del día, llegamos a una ensenada celestial con un pequeño pueblo de pescadores muy atentos, nos recibieron con el mejor hervido de pescado que nos hemos comido y unas anécdotas increíbles, entre ellas la de los ladrones de la placa de bronce que colocaron los españoles hace una pila de años, en la cara del pirata; no dejaron de mencionar a la famosa tintorera que destruye a cuanto barco se consigue; también presente las grandes ballenas que han visto en la zona; así como también los fantasmas que salen en algunas de las playas; en fin no queríamos salir de allí pero teníamos que partir.

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Buscamos la piedra ahogada pero que va, se nos perdió y no pudimos caminar como Jesucristo sobre el agua.

El cuarto regalo de día, Ashley se para en un punto, a contemplar la belleza que nos rodea y saca un refresco y un juguito frio como el culo de una foca; un campo de visión de 360 grados, en nuestra espalda un refugio de pescadores dentro de una ensenada con montañas color naranja con el mar azul turquesa, de un lado Isla Picúa, el mar un espejo y a lo largo la sombra de los delfines y la estela de las lanchas haciendo su cruce, al fondo montañas verdosas entre nubes y del otro extremo un mar oscuro cubierto de grandes montañas. Sin duda alguna no tiene precio vivir estos momentos y el día de los enamorados mucho menos.

Luego nos conseguimos con un grupo que regresaba de las burbujas, estos nos comentaron que en una de las redes que estaba cerca del campamento habían 3 bebes delfines y por más que lo intentaron no pudieron soltaros y que les daba impotencia y tristeza ver esa situación y estar atados de manos y no poder ayudarlos.

Hicimos una parada en tigrillo mientras que el otro grupo seguía para el campamento, que tristeza llegar a este sitio precioso decorado de tanta basura, es lamentable una vez más nos encontramos con inconsciencia de valorar el país tan bello que tenemos. Para este día navegamos un total de 30.5 km.

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Nosotros llegando al campamento y Dayana y Ramón salían a kayakear y darle la vuelta a la Isla, estos chicos tienen más batería que el conejo de Duracel.. Por otro lado, nosotros disfrutando del Ultimo reaglo del dia un plato de comida árabe y un vinito, Mas bueno!!!! Acompañado de un atardecer cálido y grata compañía.

En la noche la reunión fue en nuestra casa, hicimos una ensalada latina a punta de latas y atún para compartir y cotorrear con todos; lástima que algunos se encuevaron y pasaron de largo jejeje.

Al día siguiente nos dividimos igualmente en dos grupos uno se quedo con las chicas que llegaron en lanchas para partir en horas más tarde y el otro salió hacia el Golfo de Santa fe por la parte de afuera de la isla que tiene apariencia de tortuga.

Llegamos a la cabeza de la tortuga y nos encontramos con algunas rocas en la orilla de la isla con montones de pelicanos revoloteando por encima de nosotros.

Al realizar el cruce pudimos ver varios grupos de delfines, en una oportunidad pasaron cerquita de nosotros y siguieron de largo.

Llegamos a Punta Morena, estiramos los pies y recargamos pilas para seguir con nuestro recorrido, en este punto decimos dividirnos nuevamente Nelson, Jesús y su novia se quedaron para darle seguido hasta el punto de partida y Valmore, Josimar, Segundo, Ashley, Woody y yo seguimos para darle la vuelta al Golfo de Santa Fe.

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Pasamos por varias ensenadas muy lindas, con algunas casitas de pescadores y hasta un par de delfines se aceracaron al los kayak; despues decidimos hacer una parada para estirarnos un poco en una playa que vimos al fondo con muchas palmeras, lástima que al llegarle nos dimos cuenta que no era muy bonita pero si extraña ya en la orilla había una especie de grama tipo monte bien y en un extremo habían manglares, para no perder la costumbre mas basura.

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Seguimos con el recorrido y en un punto decidimos girar antes de tiempo, porque era tarde y todavía quedaba un tramo largo del otro lado. Ashley empezó a presentar problemas con el kayak y como estaba tan cargado de peroles y lleno de agua la cosa se puso complicada al empezar el cruce ya que las condiciones del clima empezaron a cambiar, el viento fuerte a soplar en donde en donde nos dispersamos concentrados en llegar.

El primer grupo en cruzar hizo una parada, nuestra cara de agotamiento era increíble pero a la vez de satisfacción por lograrlo. Woody como si no estuviera cansado al bajarse del kayak empezó a jugar con los niños de la playa; estos hasta le cantaron la canción de los pollitos.

Al llegar el otro grupo seguimos para llegar al punto de partida, Segundo en fracción de segundos se desapareció del mapa y no recibió con una birra bien fría en la llegada.

Todos al llegar estaban contentos por el viaje, sorprendidos de cómo cambiaron las condiciones del tiempo en tan poco tiempo, de lo diferente que puede ser el cruce en condiciones normales y en compañía del viento. La travesía de este día da un total de 27.5km.

Al terminar de arreglar el perolero un personaje nos recordo que estabamos en Canavales. Luego, algunos comieron en un restaurant, otros en el kiosco, el resto en la vía. Salimos más rápido que un rayo para agarrar la larga carretera con su específica cola para cruzar la ciudad y llegar a casita a medianoche.

Lejos de todo y tan cerca de la naturaleza, nos deja muchas historias para recordar.

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